sábado, 13 de febrero de 2016

Amar es

"No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar". Albert Camus

Fuente imagen: thestar.com

AMAR ES

Amar es ver el mundo con ojos de ternura
aferrarse a la vida con brazos solidarios. 
Pintar una sonrisa en un alma entristecida
llevar una caricia a un corazón lastimado.

Amar es provocar calma en la incertidumbre 
es derrumbar las paredes de la desesperanza.
Es llorar juntos, reír juntos, soñar juntos
edificar desde hoy, lo que esperamos mañana. 

Amar es abatir orgullos y temores
superar las barreras del odio y la arrogancia,
liberar el corazón de mezquinas ambiciones 
y construir en cimientos de paz y de confianza. 

Amar es rechazar la guerra y la injusticia 
armarse de bondad y transformar la historia.
Es procurar para todos, el bien y la alegría 
es anhelar para todos, las mieles de la gloria.

© José Daniel Cáceres

sábado, 6 de febrero de 2016

El valor de la integridad

“La integridad es hacer lo correcto aunque nadie nos esté mirando”. Jim Stovall

Fuente imagen: alfavita.gr

Vivimos en una sociedad donde predominan la corrupción y los antivalores. En este ambiente los individuos se mueven entre la mediocridad, la doble moral y la incoherencia. Por un lado, cada vez se confía menos en la palabra dicha; cada vez se sospecha más del accionar de los demás y hay un sentimiento generalizado de incredulidad y pesimismo hacia la eficiencia de las personas y las instituciones. (Hoy en día se requiere de muchas más herramientas que nos garanticen que nos van a cumplir o que si nos incumplen nos van a reparar los daños causados por la falta de responsabilidad). Por otro lado, las circunstancias parecieran favorecer e incluso ensalzar al arribista, al más astuto, al que lleva una doble vida y no se deja descubrir, al que aprovecha la oportunidad sin importar que sea a costa de aprovecharse de los demás. 

Por esta razón, si hay una virtud urgente y necesaria en estos tiempos de crisis de valores, es la integridad. Se necesitan personas que actúen con rectitud y transparencia en todos los aspectos y dimensiones de la vida, aun cuando no haya quien elogie o supervise sus acciones, y aun cuando no haya una retribución por sus obras. En una persona íntegra, el mayor estímulo antes de hacer las cosas debe ser la convicción de que hay que hacer lo correcto; la mejor motivación al momento de hacer las cosas debe ser la certeza de que todo se hace por las razones correctas; y la mayor recompensa después de hacer las cosas debe ser la satisfacción de que se ha obrado del modo correcto.

Muchas situaciones a lo largo de nuestra existencia ya sea en nuestro ámbito laboral, personal o familiar ponen a prueba nuestros valores, nuestra ética y nuestras convicciones. Sin embargo, si nuestra vida está dirigida por principios morales y tiene como base la integridad, nuestra conducta siempre estará encaminada a hacer lo que es bueno, lo que es justo y lo que es correcto. Ser íntegro no supone ser perfecto, pero si exige armonía entre el ser y el hacer, implicando total coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. La persona íntegra no se deja contaminar por la corrupción, no se presta al engaño, la mentira o la traición, no necesita de la falsedad o la hipocresía y no acepta las injusticias, sean estas grandes o pequeñas. Al contrario, quien es íntegro procura una conducta intachable tanto en lo público como en lo privado y sus acciones nunca están determinadas por el que dirán o por lo que algunos determinen como aceptable o justificable. 

El hombre íntegro puede descansar tranquilo sabiendo que su conciencia está en paz consigo mismo y con los demás. En cambio, quien pierde su integridad tarde o temprano verá las consecuencias de su mal obrar y tendrá que esforzase para recobrar su lugar, su imagen e incluso su dignidad. Tal como decía el filósofo Thomas Paine: "Es mucho más fácil conservar la integridad que recuperarla".

Carece de integridad, quien aunque cumpla sus labores de forma eficiente es cómplice de la ineficiencia de los demás; quien aparenta rectitud públicamente pero tiene otras intenciones cuando nadie le observa; quien predica el obrar bien para los demás pero no lo aplica en su vida; quien oculta sus malas acciones en vez de evitar cometerlas; quien se jacta de ser honesto en las cosas grandes y sin embargo es deshonesto en las cosas pequeñas. También carece de integridad, quien voluntariamente permite el uso de su nombre, sus bienes o sus habilidades para fines inadecuados; quien calla ante cualquier tipo de abuso, injusticia u opresión; quien obra movido por el aplauso, los elogios o la aprobación de otros; entre otros tantos ejemplos que se pueden mencionar. 

No podemos negar que en un mundo marcado por la corrupción, el afán de poder y las ambiciones personales; quien renuncia a sus principios, quien se arrodilla por un beneficio, quien se presta para el delito, quien calla, ensordece o mira para otro lado, consigue de forma más fácil aquello que se propone. Al contrario; quien es íntegro siempre será un obstáculo para los perversos intereses ajenos y tratarán de callarle, evitarle o impedir que salga adelante. Pero ahí está la grandeza de quien actúa con integridad; no permitir que se corrompa la vida y se cambien los valores por el facilismo y la mediocridad. 

El fin no justifica los medios y nunca habrá nada más gratificante que saber que se ha obrado bien, y que todo aquello que se ha conseguido es meritorio porque es fruto del esfuerzo, la perseverancia y la honradez. 

Recuperemos y promovamos el valor de la integridad.