sábado, 12 de marzo de 2016

Hablemos de la otra Colombia

"Así como hay fenómenos que compulsan el desaliento y la desesperanza, no vacilo un instante en señalar que el talante colombiano será capaz de avanzar hacia una sociedad más igualitaria, más justa, más honesta y más próspera". Guillermo Cano

Foto: Camilo Ramírez Suárez - Fuente: eltiempo.com

Pretender describir la realidad colombiana en unas cuantas líneas es un reto bien interesante para cualquier escritor profesional o aficionado. Colombia es un gran país desde donde se le mire; pero su multiculturalidad, su diversidad social, su potencial humano y su riqueza natural, contrastan con las más variadas problemáticas y dificultades a las que día a día se ven enfrentados los colombianos. 

Para hablar de la verdadera Colombia, hay que alejarnos un poco de lo que nos muestran los medios de comunicación, que con sus series y telenovelas se estancaron haciendo apología a los narcos, los sicarios y las prepagos y de paso insinuando que esa es la única realidad para mostrar. También debemos alejarnos de la imagen que quiere vender el gobierno con cifras adulteradas que sugieren que cada día hay menos pobres y menos desempleados, cuando en los contextos locales la realidad es bien diferente. 

Los noticieros por su parte no han querido salir del modelo 3G, presente desde hace muchos años en los canales de televisión: guerra, goles y glúteos. Olvidando que hay mucho más por informar y dar a conocer, y que la labor de los medios noticiosos va más allá entretener y generar polémica. Cabe anotar aquí que muchos de estos medios de comunicación solo muestran lo que el gobierno quiere y en ese sentido carecen de toda ética e imparcialidad. 

Claro está que no podemos desconocer las realidades negativas que nos aquejan; la inseguridad, las pésimas administraciones públicas, los grupos al margen de la ley, la contaminación y explotación de los recursos naturales, las deficientes políticas económicas, la mala calidad de la educación, la poca inversión social, etc. Pero, para hablar de la otra Colombia, hay que ponernos en los zapatos del viajero que la ha recorrido palmo a palmo y la ha sufrido y gozado en cada paso. Así nos damos cuenta que más allá de la corrupción, las problemáticas sociales, el terrorismo, el narcotráfico y las prostitutas; hay otra Colombia que vive y que siente, que sueña y que lucha, que trabaja y prospera, que ama y quiere ser mejor. 

Esa es la verdadera Colombia, la que es rica por sus paisajes, por su diversidad cultural, por su gastronomía, por su música, por sus deportistas, por la amabilidad de sus gentes y sobre todo por la pasión y el empeño que ponen los colombianos en todo lo que hacen. Esa es la otra Colombia que hay que promocionar por todos los medios. Esa Colombia pujante, innovadora y creativa, que quiere superarse y mostrar su trabajo al mundo, pero que carece de apoyo del estado y las instituciones, para darse a conocer. No todos los colombianos, aunque así hayan querido acostumbrarlos quieren las cosas regaladas o subsidiadas. Muchos, lo que necesitan son oportunidades para progresar, educación asequible y de calidad, empleos dignos y bien remunerados, apoyo al emprendimiento, protección de sus recursos naturales, formación para el trabajo y que se potencien y aprovechen sus capacidades y habilidades, en pro de su bienestar y el desarrollo de sus comunidades. Ya cansados de tantas promesas y falsas soluciones, muchos optan por empoderarse de sus recursos y lograr por ellos mismos los cambios que necesitan las regiones. 

Esa es la Colombia que soñamos algún día triunfe y prospere dejando atrás esta mafia corrupta y nociva que se ha apoderado del poder y de los recursos que por derecho nos pertenecen a todos los colombianos.

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