sábado, 2 de enero de 2016

Gracias

“Un sólo pensamiento de gratitud hacia el cielo, es la oración más perfecta”. Gotthold Ephraim Lessing

Fuente imagen: plus.google.com Ahmet Selistire

En un mundo agitado por los afanes y las preocupaciones del día a día, a veces olvidamos que tenemos grandes motivos para estar agradecidos y nos ganan las razones para renegar y lamentarnos. Sin embargo, no debemos desconocer que hemos recibido muchos dones valiosos que no podemos concedérnoslos nosotros mismos; algunos dones ni siquiera los pedimos, incluso ni los merecemos y a veces tampoco los apreciamos como regalos que son. 

Tomémonos un instante para reconocer algunos de esos dones que nos han sido confiados y sobre todo aprendamos a valorarlos, protegerlos y agradecerlos.

  • Gracias por la vida: estamos vivos, justo aquí y justo ahora. Tenemos la oportunidad de ser y de estar. Este es nuestro momento de vivir y no debemos olvidar que en este mundo solo se vive una vez. La vida es un don de valor inestimable que adquirimos desde el momento mismo de nuestra concepción, y aunque no podemos elegir donde nacemos y no podemos cambiar algunas condiciones de nuestra existencia, la actitud con la que decidimos vivir es una elección que si podemos hacer. 
  • Gracias por la libertad: somos personas libres; así nacemos y así deberíamos vivir sin que nadie nos coaccione o nos reprima. La libertad es esa facultad de obrar de acuerdo a nuestra propia voluntad y todos tenemos la oportunidad de hacer un buen uso de esa libertad siendo conscientes de nuestras obras, actuando con responsabilidad y asumiendo las consecuencias de todo lo que hacemos.  
  • Gracias por la fe: aunque la fe es un don que está a disposición de todo aquel que lo busca, el creer y en que creer son cuestiones que deben plantearse sobre la base de la razón y están vinculadas con la libertad, la experiencia personal y la apertura espiritual de cada individuo. Por este motivo la fe no se puede imponer y a nadie se le debe obligar a seguir un determinado sistema de creencias. Al final, tanto el que cree, como el indiferente, el que vive en la incertidumbre o el que manifiesta su incredulidad van buscando una misma verdad y en espera de una respuesta a las grandes preguntas de la vida. Pero más allá de las convicciones personales, no se puede desconocer que la fe es un don muy grande y con capacidad de mover montañas, de tocar corazones y generar profundos cambios a nivel individual y social. Al final todos (aunque algunos no lo acepten), encontramos profundas razones para creer en algo o en alguien y esa fe se puede convertir en el motor de nuestra vida.
  • Gracias por la capacidad de pensar, de sentir y de actuar: nos diferenciamos de otros seres vivos en nuestra gran capacidad para razonar, para generar emociones y sentimientos y para tomar decisiones y analizar su impacto en nuestra vida y en la vida de los demás. Esas facultades nos permiten un lugar privilegiado en la creación, pero también implican una gran responsabilidad con nuestro entorno y con nuestros semejantes. 

Entonces, cuando consideres que no hay razones para estar agradecido, valora que estás vivo, recuerda que eres libre y aprovecha que puedes creer, pensar, sentir y actuar. 

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