“Pensar mejor, ser mejor, comportarse mejor, he ahí tres ideales magníficos”. Anónimo
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“Pensar mejor, ser mejor, comportarse mejor, he ahí tres ideales magníficos”. Recuerdo que leí esta frase hace muchos años en mis tiempos de colegio y aunque desconozco su autor, veo que contiene tres elementos que todos deberíamos incluir en los primeros lugares de nuestras listas de propósitos.
- Pensar mejor: pensar mejor no se refiere precisamente a aumentar nuestro poder cerebral (aunque no está de más intentarlo). Tener mejores pensamientos es cambiar nuestra manera negativa y malsana de concebir la realidad, dejando atrás el fatalismo y las actitudes de derrota y conformismo. Pensar mejor es pensar con claridad, de forma optimista pero aterrizada, de forma entusiasta pero con cabeza fría, sin dejarnos llevar por el sentimiento, la pasión o la emoción del momento. Pensar mejor nos debe llevar a tener mejores actitudes y estas actitudes a su vez deben influir positivamente en todos los aspectos de nuestra vida.
- Ser mejor: ser mejor no es una opción, es una obligación si queremos avanzar y superarnos. Cada día debemos ser mejores de lo que fuimos el día anterior, mejores que nosotros mismos, por nosotros mismos y por los demás. Mejores en lo que somos, mejores en lo que hacemos y mejores en lo que esperamos y deseamos. Es importante evaluarnos diariamente, reconocer nuestros errores y limitaciones y actuar en consecuencia para ir superando lo que nos desmejora, lo que nos impide crecer y encontrar la mejor versión de nosotros.
- Comportarse mejor: este es un ideal que poco se ve en nuestras listas de propósitos, pero es muy necesario. Nuestro comportamiento debe ir acorde a nuestras convicciones y nuestras convicciones deben llevarnos a mejorar la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno y con los demás. Recordemos que nuestra manera de actuar tanto en público como en privado, habla de lo que sentimos, manifiesta lo que creemos y al final evidencia lo que somos. Si esto no es así, o estamos actuando con hipocresía o no estamos siendo coherentes. En todo caso es necesario analizar las repercusiones de nuestro comportamiento y ver en que podemos mejorar día a día y paso a paso.
En conclusión, lo que pensamos, lo que somos y como somos son condiciones que están íntimamente relacionadas. Por eso el pensar mejor nos lleva a ser mejores y el ser mejores nos debe conducir a comportarnos mejor.

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