sábado, 23 de enero de 2016

Llamados a la trascendencia

«La vida exige a todo individuo una contribución y depende del individuo descubrir en qué consiste». Viktor Frankl

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La trascendencia es uno de los anhelos más grandes que tenemos los seres humanos. Teniendo en cuenta la visión filosófica, este anhelo consiste en ir más allá de los límites, alcanzar la superación, dejar huella y no resignarnos a quedar en la nada o en el olvido. Trascender también es permanecer en el mundo más allá de nuestra muerte, dejando un legado o una huella que permita que seamos recordados y admirados, incluso sirviendo de inspiración o influyendo en futuras generaciones. Aquí es muy importante el papel de los demás y la forma como nos reconocen y nos permiten a nosotros o a nuestra obra, esa permanencia en su memoria y esa influencia en su historia.

En el ámbito espiritual, a pesar de las limitaciones que tenemos, hay una búsqueda por lo que supera nuestra condición humana y nos adentra en una dimensión más allá de lo corporal, que se cree nos permite perdurar e incluso eternizar nuestra existencia. Por esa razón las concepciones religiosas más importantes nos plantean dentro de sus postulados que el ser humano está llamado a la eternidad, la trascendencia o la inmortalidad. 

Preguntémonos entonces: ¿de qué forma queremos trascender nosotros? Una vez respondida esa pregunta, pensemos: ¿qué estamos haciendo para alcanzar esa trascendencia? 

Nuestro anhelo de trascendencia debe ir acorde a nuestros ideales, a nuestra fe y a nuestras convicciones, pero también debe estar acorde a nuestra capacidad de búsqueda de esa trascendencia, reflejada en el esfuerzo que hagamos por alcanzarla y sobre todo en el amor que le pongamos a ese esfuerzo. 

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